03.09.2008
La moral de los filósofos
Leo en la revista Noticias (23-8-08) que el filósofo Ricardo Forster, uno de los mascarones de proa de la intelectualidad neo-oficialista y neopopulista, confiesa sin rubores: “La política no es el espacio de las virtudes morales”. A confesión de partes, relevo de pruebas. Sin moral, todo vale. Y así es, todo vale dice el susodicho. Poco después (sincronicidades significativas, las llamaba Jung) me conmuevo leyendo un bello libro de otro filósofo, André Comte Sponville (Invitación a la filosofía): “¿Qué es moral? Lo que te exiges a ti mismo, no en función de la mirada del otro o de tal o cual amenaza exterior, sino en nombre de determinada concepción del bien y del mal, del deber y de lo prohibido, de lo admisible y lo inadmisible, de la humanidad y de ti mismo. El conjunto de reglas a las que te someterías, sin buscar recompensa, incluso si fueras invisible e invencible”. Dice más Sponville, dice que obrar moralmente es tomar en consideración los intereses de los otros y actuar en consecuencia, aún “a espaldas de los dioses” (a espaldas del poder que premia, que recompensa con miserables privilegios, con patéticas fotos y palmadas a los niños buenos y “progres”). Luego dice que la política es ocuparse del destino común y la considera esencial a la preocupación humana. Que bueno leer a Comte Sponville (filósofo con mayúsculas) después del mal trago de esa otra frase, tan posmoderna, tan “pragmática”, tan ventajera, tan cínica.
10.09.2008
Trece esperanzas
Trece abuelas recorren el mundo con un objetivo: ayudar a despertar, porque, dicen, ha llegado la hora de la unión entre los seres vivos de la Tierra. Alice Baker, descendiente de la tribu siletz, que vive junto al río Rogue, en Oregon, EE.UU., es una de ellas. Tiene seis hijos, 27 nietos, 18 bisnietos. Su madre y su abuela eran chamanas, ella se recibió de psicóloga después de cumplir 50 años, porque “quería unir la razón con la intuición”. Las abuelas van por el mundo, despiertan a las mujeres, proponen a los hombres una vida alejada de la brutalidad competitiva, de la productividad sin alma, del sexo vacío. Alice realiza en su río la Ceremonia del Salmón y, desde que lo hace, se multiplicó, datos objetivos, el número de peces. Y ella agradece, agradece al salmón por que hay más alimento. “Las abuelas sumamos 846 años de sabiduría”, dice. Y salen a sembrarla. E Ima Sanchís entrevista a la abuela Baker en La Vanguardia, de Barcelona. Y leer la entrevista emociona, limpia la atmósfera, renueva el corazón, pone luz en el aire oscurecido por tanto corrupto suelto y con poder, por tanto asesino al volante, por tanto hijo huérfano con padres vivos, por tanto egoísta depredador que hace su negocio a costa de lo que sea. Las Trece Abuelas Indígenas hacen su camino. Son mujeres fecundas. Son esperanza.
22.09.2008
El sentido como misión
“No es el final, dicen, sino el comienzo de una nueva vida”. No hablan de algo leve, sino desde la reconstrucción de un corazón partido. Son padres que han perdido a sus hijos, han sufrido el más indecible de los dolores, el que no figura ni en la peor pesadilla. Leo sus palabras en La Nación del 22 de septiembre. El mismo día en que millones de personas siguen obsesionadas porque una banda de irresponsables sin ética y sin moral, que responden al nombre de “Mercados”, han malversado dineros ajenos y son ahora rescatados por un genocida llamado George W. Bush, que les hace un último favor antes de partir. Los Grupos Renacer, que agrupan a los padres que perdieron sus hijos, hablan en una página interior del diario y ponen luz en la oscuridad, su tema importa de veras, no como el otro: “No nos unimos para ahondar el sufrimiento, dicen, sino para seguir la propia vida, ser artífices de nuestro destino, salir del individualismo en que se vive, darnos cuenta de que sólo podemos realizarnos a partir de la presencia del otro”. Hace veinte años comenzó esta iniciativa, centenares de padres en todo el país pasaron por los grupos. “Hoy nos sentimos bien, tomamos esta tarea como misión”, dicen Alicia y Gustavo Corti, que crearon Renacer después de perder a su hijo Nicolás. Como quería Víktor Frankl, en quien se inspiran, le dieron sentido al dolor. En un mundo de tanto sinsentido.