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Reflexiones
Semanales
13.03.2008 Más barato que un corcho ¿Cuánto vale una vida humana? No tiene precio, aunque los diputados del Congreso Nacional argentino se lo han puesto. Para estos curiosos individuos (e individuas), una vida humana, la protección de esa vida, vale menos que una botella de vino o de cerveza. Después de anunciar que la nueva (y retrasadísima) ley de seguridad vial prohibiría la venta y la publicidad de bebidas alcohólicas en los locales ubicados en las rutas nacionales, terminaron por permitir esa venta y esa publicidad. Es fácil imaginar que aquel anuncio era un llamado a los lobbys de las empresas alcoholizantes para que actuaran pronto. Y lo hicieron, y fueron eficaces. En un país en el que mueren más de ocho mil personas por año en las rutas y quedan heridas e inválidas muchos miles más, en un país en donde las rutas son cotos de caza para conductores asesinos cebados con alcohol, los diputados le han puesto precio a la vida de los desaparecidos viales. Vale menos que los intereses de los fabricantes y anunciantes de alcohol. Y lo peor es que los diputados no son marcianos. Son el fiel reflejo de la sociedad en la que fueron paridos. 25.03.2008 Rodeados de Hubris “A aquel que cree ser el único que puede juzgar, o bien a aquel que cree poseer un alma o un discurso que ningún otro posee, si se los abre, se muestran vacíos". Estas palabras están en “Antígona”, de Sófocles, y definen a la hubris, palabra griega que significa soberbia y que describe el orgullo desmesurado, el desconocimiento de los límites, el endiosamiento de uno mismo. Para los antiguos griegos, siempre vigentes, la soberbia era el peor de los pecados. Nos rodea la hubris. Chorrea de la boca de ministros, legisladores, presidentes, presidentas, ex presidentes, deportistas, actores y actorcitos, actrices y aspirantes, dictadores, escritores y demás. En medio de guerras, conflictos sociales, hambrunas, creaciones mediocres y todo tipo de actos fatuos, todos estos seres oscuros, sombríos, vulgares se empecinan en sus opiniones y acciones, no admiten la diferencia ni la diversidad, se creen dueños de un alma y un discurso únicos. Pegajosos de hubris toman decisiones, lanzan palabras de las que jamás se arrepentirán, ofendan a quien ofendan, lastimen a quien lastimen. Y un día (los griegos lo sabían y ocurre siempre así) se derrumbarán, caerán como despojos de su propia soberbia. Pero acaso mucho del daño que causan ya será irreparable. Nos rodea la hubris. |
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