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Reflexiones Semanales


02.07.2007
Oír con los ojos 

Las siguientes palabras deben ser leídas con lentitud: “Ñawiykikunawan Uyarimuway”. No hay error. En quechua significan: “Óyeme con los ojos”. Es el título de una muestra fotográfica que, hasta el 22 de julio, se ve en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires. Bellísimas fotografías tomadas entre 1900 y 1950 en Cusco, Perú, que muestran a gente común, hombres, mujeres, niños dedicados a su vida cotidiana, a sus quehaceres, a sus amores. Vidas que ya no están, tan anónimas como valiosas. Vemos una fiesta popular, vemos mineros y pastores, músicos de pueblo, un carnaval, un funeral, una boda, niñas con sus mejores prendas, hombres que juegan al fútbol. Los autores son diez fotógrafos cusqueños, que tampoco están más. Ellos miran con amor, oyen con los ojos. Oír con los ojos es registrar al otro, respetarlo, descubrirlo en su maravillosa singularidad, honrarlo. Asomarse a ese universo que es cada persona y, al mirarlo, escuchar esa nota única, irrepetible, inédita que emite cada ser al reír, al hacer, al llorar, al cantar, al danzar, o simplemente al mirar a una cámara. En el silencio de la sala, con tiempo, me detengo ante cada una de esas fotos y me permito la experiencia de escuchar con los ojos. Y agradezco a cada uno de esos seres por su vida.


10.07.2007
Las hormonas no cambian la política


“¿Estamos preparados para que nos gobierne una mujer?” De pronto, es la pregunta en boga. ¿Habrá menos autoritarismo, más horizontalidad, mayor capacidad de aceptar lo diverso, más comprensión, compromiso activo con las cuestiones sociales, más dedicación a la educación, a la salud, cuidado real del medio ambiente, cambio en el vocabulario sexista de la política, menos corrupción o nada, acciones intensivas hacia la infancia desprotegida y excluida, baja en los gastos superfluos y secretos de los funcionarios (incluidos viajes, autos, amantes y demás)? Una sociedad machista incluye a hombres y mujeres machistas con actitudes machistas en todos los aspectos. Una mujer machista gobernará con creencias, actitudes y paradigmas machistas, aunque se vista en los shoppings más caros de París, de Madrid o de Nueva York. Una mujer machista estará siempre ad referéndum del hombre que la valide. Y nada dirá acerca de los temas que, de verdad, afectan, lastiman y postergan a las mujeres y a lo femenino profundo. Nada dirá del aborto que mata a miles de sus congéneres, del techo de cristal que limita el crecimiento de las mujeres, de la violencia doméstica, de la prostitución, de la diferencia salarial sexista. Sí, estamos preparados para una mujer así porque así son los hombres que nos gobiernan. Las hormonas, solas, no cambian la política.


16.07.2007
El arte de amar


He leído en estos días una de las más admirables descripciones del amor que recuerde. La he leído en una bella novela del escritor israelí Amos Oz. Se trata de “El mismo mar”, un relato de búsquedas, encuentros, desencuentros, evocaciones, pérdidas y recuperaciones entre personajes que circulan más como espíritus que como seres encarnados, aun cuando todas sus acciones son cotidianas y realistas. Una novela que ofrece cada una de sus páginas como si fueran poemas, una novela que conduce a su lector a un espacio sutil, casi hasta el mismo límite entre la consciencia personal y la transpersonal. Doscientas ochenta páginas inspiradas, iluminadas. Cuando los ojos de la carne desean, dice en un momento el narrador, los ojos del espíritu se consumen, “el que está aquí eres tú sin ti y el que no está, no está, y entonces, ¿para qué amar a una mujer? ¿Para qué cruzar abismos?”. ¿Acaso no es eso el amor, el cruce de un abismo, de ese espacio profundo que nos lleva hacia un universo desconocido y que, en punto, será siempre insondable? ¿Acaso no es presencia? Todos somos creaciones diferentes y únicas. ¿No es finalmente el amor el milagro por el cual dos universos entran en contacto y crean una nueva e inexplorada galaxia? ¿Cómo decirlo con más belleza que Amos Oz? ¿Cómo no agradecerle ese párrafo y toda esta obra?


23.07.2007
Del pegamento a la unión



“Cásate con alguien con quien te guste conversar; con el tiempo esa será la condición más importante”. Leí este consejo esta semana y me apresuré a tomar nota. Por supuesto, puede dar lugar a chistes rápidos, fáciles, obvios e irreflexivos. Sin embargo, creo que encierra una pequeña gran verdad acerca de las relaciones afectivas. ¿A dónde fue la pasión que nos unía?, suelen preguntarse algunas parejas cuando un vacío de incomunicación empieza a separarlas y a convertirlos en mutuos desconocidos. Es que sí sólo los unía la pasión y si, además, esa pasión era sólo física, en realidad no los unía: simplemente los pegaba. Y el pegamento deja de funcionar en algún momento. O la pasión da paso a proyectos compartidos y esos proyectos crean una cotidianidad de acciones y de convivencia en la cual los amantes se comportan como integrantes solidarios de un equipo, y ese equipo, a su vez, comparte profundamente valores éticos, o la pasión es apenas un trozo de leña que, al cabo, será cenizas. Que les guste conversar significa que siempre tengan algo para comunicarse, algo nuevo para descubrir, un nuevo empeño en puerta, ganas de hacerse preguntas juntos, sorpresa y celebración por el descubrimiento constante del otro. Nada despierta tanta pasión, en fin,  ni  crea tantas condiciones de amor como la comunicación entre dos personas.


30.07.2007
Ciudad de nadie


Caminamos sobre basura que cada peatón o automovilista tira despreocupadamente. Esquivamos, como podemos, la mierda de los perros que ocho de cada diez sucios dueños no levantan. Los camiones ocupan veredas a toda hora, ciclistas y motociclistas, sin luces, circulan de contramano o por las veredas mientras los peatones se salvan de cualquier modo. Las bolsas de basura son abiertas, como cadáveres destripados, y quienes las abrieron siguen su marcha. Los cuidacoches se apoderan las calles con impunidad y prepotencia. Los colectivos escupen humo y ruido. Los vendedores piratas extienden sus puestos como un ejército toma territorios. Los policías miran para otro lado o comparten un cigarrillo o una charla con los infractores. Los inspectores directamente no están. O están en otra (más rendidora). Las ciudades nacieron en la historia humana como lugares de encuentro, como un espacio de convergencia enriquecedora para la diversidad, como un escenario para trascender el propio origen, el horizonte individual, y crear una suma enriquecedora. Las ciudades fueron cuna del arte, del pensamiento, de la arquitectura, de la empatía, la mediación, la solidaridad. Eran de todos sus habitantes, ellos así las sentían y había orgullo de vivir en esos espacios. Hoy la ciudad en que vivimos es de nadie, es una zona inhóspita, castigada, depredada, sin ley. Un cadáver del que cada roedor extrae un trozo y huye.
       
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Sergio Sinay - sergio@sergiosinay.com - [+5411] 4772-9139 ó 15- 4496-5763 - Argentina