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Reflexiones
Semanales
04.06.2007 Gracias Damos nuestras vidas por sentadas, creemos que debemos tener lo que tenemos, ni se nos cruza por la mente la idea de que podríamos no tenerlo. Sentimos que aquello que nos falta representa una injusticia y lo consideramos como una deuda que alguien o algo (la vida, el destino, alguna persona, Dios, la suerte, etc.) mantiene con nosotros. Actuamos como si se nos hubiera prometido, al nacer, la completitud y la felicidad. Y cuando éstas se ausentan nos quejamos, imprecamos, nos sentimos maltratados. A fuerza de repetir esta actitud la convertimos en hábito, y nos alejamos de una costumbre poco transitada cuando no directamente olvidada. La costumbre de agradecer. La gratitud, dice la psicoterapeuta alemana Elisabeth Lukas (discípula y continuadora de Víktor Frankl) tiene un profundo poder terapéutico, permite que nos plantemos de otra manera ante la vida. Gracias es una palabra olvidada, vaciada, convertida en muletilla sin contenido real. Para devolverle su potencia es preciso registrar al otro. Hacernos responsables de nuestra propia vida, dejar de poner el acento en lo que creemos merecer y trasladarlo a lo que debemos crear. No se trata de qué vida merecemos, sino de qué vida nos proponemos construir bajo nuestra responsabilidad. 11.06.2007 Pequeños dioses sin divinidad Dios creó al hombre porque le encantan los cuentos, escribió alguna vez Elie Wiesel. Dios no creó al hombre para castigarlo, para perseguirlo, para espiarlo, me explica un religioso amigo. Dios, me enseña, está en cada hombre. ¿Por qué, me pregunto, algunos hombres invocan a Dios para privar a otros hombres de Él? ¿Por qué algunos hombres, escudándose en cargos e instituciones, se apropian de Dios, falsifican su nombre, pretenden negar la esencia divina de otros semejantes? Si Dios es paz y amor, ¿cómo es que se guerrea y se odia en su nombre? Por muy altos que sean su cargos honoríficos o sus impostadas dignidades, ¿cómo pueden cegarse con el poder tomado como un fin en sí mismo, hasta el punto de quedar ciegos ante el dolor, la necesidad, la humanidad de los otros, los prójimos? De espaldas a Dios, secuestradores de su nombre pero no de su esencia última, esos dignatarios, se interponen entre Él y nuestros relatos, los relatos de nuestras vidas, de nuestros corazones, de nuestros espíritus, de nuestro amor, de nuestra empatía, de nuestra esperanza. Pero aún así no logran que Dios nos castigue, nos odie, que esté enemistado con nosotros. Minúsculos diocesitos, adoradores del poder, ignorantes de la fe. 19.06.2007 Suciedad y sociedad ¿Puede haber una
campaña electoral limpia en una política sucia? Hace largo
tiempo que los políticos han ensuciado el alma de una actividad
que nació para integrar la diversidad, aceptándola sin
violentarla, en la construcción de un propósito común
y trascendente. Hace mucho, demasiado, que el bien común, el
otro, el semejante, la visión compartida sobre el conjunto humano
que integramos, no son prácticas cotidianas de la vida social.
Hace mucho, demasiado, que vivimos distraídos del próximo
prójimo, centrados en nuestro ombligo, desesperados por tener,
olvidados del ser. Hace rato que votar significa elegir al que me garantiza
seguridad para seguir consumiendo sin preocuparme del otro. Los políticos,
que no son simples emergentes de una sociedad, prometen eso. Uno pinta
su promesa con colores de izquierda, el otro de derecha. Le dicen a
cada quien lo que cada quien quiere oír. Mientras no sean esclavos
de una ética y ejercitantes de una moral, tanto da que se coloquen
a la derecha o a la izquierda. Hacemos trampas, mentimos, ocultamos,
verseamos, prejuzgamos, en nuestras relaciones cotidianas. Los políticos
nos representan. Hacen sin vergüenza lo que nosotros disfrazamos.
Sus campañas son siempre sucias. Cuanto más cerca del
poder, más visible la suciedad. Es una cuestión de ubicación
y oportunidad. “Tú puedes decir no a la guerra y tener el dinero en un banco que está financiando armas. El problema es que hoy todos apelan al “no te compliques la vida”. De esta forma cedemos nuestro dinero a los bancos para que hagan lo que quieran con tal de que nos paguen lo máximo posible”. El que lo dice es un banquero, el catalán Joan Antonio Mele, director de Triodos Bank, un banco que desde hace 30 años sólo invierte en proyectos que resguarden el medio ambiente o mejoren la vida de una comunidad. Las palabras de Mele exceden lo bancario. No sólo nuestro dinero solemos dejar en manos de quien no nos complique. En el afán de una vida cómoda, en la que nadie nos interrumpa mientras consumimos vorazmente, en la que podamos evadir responsabilidades y compromisos, en la que podamos evitar respuestas, solidaridades y empatías, en la que no debamos trabajar para construir nuestros vínculos, acabamos por dejar nuestra propia existencia en las manos de cualquiera. Bancos, políticos, falsos sanadores, gurúes espirituales, anunciantes de maravillas imposibles están allí, a un paso, entonando sus cantos de sirena. “Despreocupate, dejá tu vida en mis manos, también tu corazón, tu tiempo y tu chequera”, dice el canto. Y un ejército de conformistas sucumbe a él cada día, sin remedio. Y sin derecho a reclamo. |
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