| Urgencia
de responsabilidad
Por
Sergio Sinay
¿Puede una piedra caer sobre
la superficie de un lago sin provocar círculos concéntricos?
La imagen parece imposible. Del mismo modo, todas nuestras acciones
tienen consecuencias (también las tiene la inacción).
Nos hacemos individuos responsables cuando tomamos conciencia
de este hecho y respondemos por nuestros actos. La responsabilidad
alude, así, a nuestra capacidad de responder y es un valor
esencial para la vida en sociedad y para los vínculos humanos.
La responsabilidad parte de la conciencia de la existencia del
otro, del prójimo. Porque es en él, en ellos, en
quienes se verifican los efectos de nuestras acciones. Lastimamos,
ayudamos, cooperamos, competimos, amamos, rechazamos, nutrimos,
perjudicamos siempre a un semejante. Un semejante no es un igual,
no es un calco. La semejanza nos viene de nuestra condición
humana. Parte de esta condición es la diversidad, no existen
dos seres idénticos. Por lo tanto, vincularnos es registrar
las diferencias, explorarlas, convivir con ellas, a partir de
ellas. Si ignoramos las consecuencias de nuestros actos, ignoramos
al otro. Eso no anula las consecuencias. Y como están allí,
si no hay responsables, serán necesarios culpables. Cuantos
menos individuos responsables hay en una sociedad, más
aumenta la necesidad de encontrar culpables. Eso se ve en la política,
en los negocios, en el deporte, en las relaciones de pareja, en
la crianza de los hijos, en el uso de la ciencia y de la técnica
y en la calidad de la vida espiritual de esa sociedad.
Recuperar el ejercicio de la responsabilidad, estimular su presencia
en todos los aspectos de nuestra vida individual y social es hoy
una prioridad impostergable. Nos convoca y no nos permite distracciones
ni miradas ausentes. La responsabilidad no admite fugas. Cuando
ella desaparece o se desvanece, lo mismo ocurre con el sentido
de nuestras vidas. Ser responsables nos hace libres. Comprender
que nuestra vida afecta a la de otros nos da la posibilidad de
responder a esas consecuencias. Las que importan no son las respuestas
de palabra, sino las respuestas activas. Víctor Frankl
solía señalar que la vida nos hace preguntas a cada
paso de nuestra existencia. Esas preguntas las formula a través
de situaciones concretas, esas situaciones que vivimos, tanto
las felices como las dolorosas, las que en apariencia son intrascendentes,
como las más significativas. Y así como la vida
hace sus preguntas a través de situaciones y no de palabras,
nuestras respuestas se deben dar a través de actitudes,
de acciones, de gestos, de elecciones, de decisiones.
Allí es donde se instala la noción de responsabilidad.
Cuanto más conscientes seamos de nuestras respuestas, más
libres seremos. La responsabilidad nos hace libres. Libertad no
es carecer de límites. Todo lo contrario. Los límites
son parte esencial permanente y significativa de la vida. Los
límites nos recuerdan que vivimos en el mundo, con otros,
entre otros, que somos parte de un todo que nos contiene. Los
límites nos vienen a decir que no somos omnipotentes ni
autosuficientes, que somos partes de un todo, gotas de agua en
un inmenso mar, células de un organismo, hojas de un árbol.
Somos responsables de ese mar, de ese árbol, de ese organismo.
Lo que le afecta, nos afecta, lo que nos afecta le afecta. Nuestra
libertad consiste en reconocer los límites y elegir las
respuestas a las preguntas de la vida, elegir las actitudes, gestos
y acciones con que responderemos en cada situación, ante
cada ser con el que interactuamos en esta trama rica, infinita
y misteriosa.
Al elegir vamos definiendo una manera de relacionarnos con el
otro, con el planeta, con la totalidad, con lo divino. Cuanto
más responsables, más libres somos. Cuanto más
responsables, más claro aparecerá ante nosotros
el sentido de nuestra existencia, la razón por la cual
nuestra vida se carga de significado y no dará igual que
hayamos pasado, o no, por este mundo. Cada ser es único
y, sin embargo, todos somos complementarios y necesarios. El olvido
de esta premisa simple y profunda produce tragedias de todo tipo:
muertes en las rutas, países invadidos, corrupción
política y económica, destrucción del medio
ambiente, infidelidad matrimonial, abandono físico y/o
emocional de los hijos, desaparición de especies, violencia
indiscriminada, incapacidad de argumentar, desprecio por la cultura,
rapiña inmobiliaria, hambre, desocupación, desamor,
insatisfacción afectiva.
La responsabilidad es hoy más que un valor necesario, es
una condición de supervivencia para la especie.
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