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Artículos / Sexualidad y Salud


La responsabilidad sexual no tiene sexo

Por Sergio Sinay

Fue necesario que decenas de miles de mujeres murieran a causa de abortos clandestinos y que existiera una inabarcable cantidad de hijos no reconocidos (nacidos sin que su padre se enterara o sin que lo aceptara) antes de que la ciudad de Buenos Aires (sólo ella, no todo el país) contara con una Ley de Salud Reproductiva.

No me interesa discutir las falacias fundamentalistas de quienes, autoproclamándose "defensores" de la vida, ignoran aquellas muertes y desprecian esos destinos sufrientes. Lo que me pregunto es: ¿qué efecto producirá esta ley en la conciencia de los varones? Y se me ocurre desglosar este interrogante general en una serie de preguntas más específicas:

  • ¿Acudirán los hombres a los hospitales y establecimientos de salud a informarse sobre métodos anticonceptivos?

  • ¿Más allá de que el texto de la ley lo dice, perciben que ella los involucra?

  • ¿Se ampliará su conciencia acerca del papel y la función que les corresponde en la gestación y crianza de un hijo?

Estas preguntas nacen de un hecho que registro con frecuencia en mi trabajo con hombres. Escuché a algunos varones decir: "Yo no tengo por qué cuidarme, supongo que de eso se encarga ella". Y de la boca de otros oí: "No la acompañé al ginecólogo para averiguar por el mejor método anticonceptivo porque creo que hubiera sido entrometerme en algo muy privado de ella, como es su cuerpo". La primera frase presenta una concepción machista sin metáforas, brutal. La segunda es aun más peligrosa, porque disfraza esa concepción detrás de una apariencia "progresista", de supuesto "respeto" a la mujer. Ambas coinciden en un punto: el abandono masculino de la responsabilidad en la sexualidad..

A los varones se nos ha inculcado y estimulado una actitud sexual productiva: cuantas más mujeres, cuantos más orgasmos "al hilo" (con frecuencia fantaseados), cuantos más centímetros de erección, mayores pruebas de "masculinidad". Con ese criterio, todo el registro sexual del varón se concentra entre la base y la punta de su pene, ni un milímetro más. Y queda desconectado de todo registro emocional, de toda intimidad sensible, así como de toda responsabilidad por lo que ocurre a partir de la eyaculación. "De mis espermatozoides que se haga cargo ella, una vez expulsados de mí, ya no son míos", parece ser la consigna que la mayoría de los varones tiene incorporada a través de una "educación" transmitida de generación en generación.

Una mujer muerta en un aborto clandestino (de esos que los fundamentalistas alientan, porque en su estrecha mente lo que no se ve no existe) es una madre potencial desaparecida. Un hombre que no se hace cargo de un hijo que contribuyó a gestar ("porque ella debió haberse cuidado") es un agujero negro y doloroso en la vida de ese hijo. Ojalá la Ley de Salud Reproductiva pueda tener, en el tiempo, a través de sus posibles aplicaciones educativas, estos efectos residuales en los varones:

  1. Una mayor indagación en la propia sexualidad.

  2. Como consecuencia de lo anterior, una transmisión hacia los varones de las próximas generaciones de otros modelos de vinculación con la mujer y de responsabilidad con el hijo.

 

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Sergio Sinay - sergio@sergiosinay.com - [+5411] 4772-9139 ó 15- 4496-5763 - Argentina