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El largo sexo de la Ley
Por Sergio Sinay
El
sexo oral (una fellatio, en fin) practicado bajo amenazas y durante
una violación, no es delito. Así lo consideró
el Tribunal Oral en lo Criminal Nro 7. Esto
ocurrió en Buenos Aires en noviembre de 1999. No durante
la Edad Media, no en un reino despótico e ignoto. Al conocer
la noticia se me presentaron de modo inmediato tres preguntas:
1)
¿Estos jueces tienen hijas?; 2) ¿Habrían
fallado del mismo modo de haber sido sus hijas las víctimas?;
3)
¿Habrían fallado del mismo modo de haber estado ellos
mismos, con una pistola en la cabeza o un cuchillo en la garganta,
obligados a ejecutar ese acto?
Como tengo la costumbre de hacerme preguntas, se me ocurrieron otras:
¿La boca no es parte del cuerpo de una persona?; ¿El
cuerpo (todo el cuerpo) no es el territorio œltimo, el más
privado, el más sagrado de una persona?; ¿Irrumpir
en ese territorio sin permiso y por la fuerza no va contra las leyes
materiales y espirituales?.
Me pregunto, además, si considerar que sólo la penetracián
anal y vaginal son violatorias no forma parte de una concepción
de la sexualidad humana digna de las que inspira a cualquier película
porno.
Y en tren de auto interrogarme, surgió ante mí esta
última pregunta: ¿qué diferencia al juez del
violador? ¿Si el violador tuviera que juzgar no diría
acaso, "eso no es delito"? ¿Si el juez obligara a alguien
a hacerle una fellatio no diría, siguiendo el pensamiento
de su fallo, "no estoy cometiendo ningún delito"? ¿Toda
la diferencia radica en el lado del mostrador (o del estrado) en
que cada uno de ubica? Se me ocurrió una única respuesta
para todas estas preguntas: es obvio que en esta sociedad la justicia
tiene sexo. Y el sexo que tiene está afectado por una peligrosa
enfermedad venérea: el machismo.
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