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"Padre Nuevo " Que estás en camino...
por
Sergio Sinay
Suele
decirse, con cierta facilidad, que hay un "nuevo padre" y se alude
así a un hombre más comunicado con sus hijos, más
preocupado por ellos, más "colaborador" con la madre. Pienso
que la calificación transmite más una expresión
de deseos y una necesidad que una realidad ya consumada. Una cosa
es cierta: el modelo de padre proveedor (de simiente, de apellido,
de sostén material, de recompensas y castigos) está
agotado luego de muchas generaciones de haber dejado en los hijos
un profundo hambre de guía y de presencia emocional, de
contención espiritual, de contacto afectivo íntimo.
Muchos hombres persisten, sin embargo, en ese modelo porque es
el único que conocen. Muchos otros desertan de ese rol
sin remplazarlo. Muchos otros lo rechazan sin encontrar la transformación.
Y hay padres que, sí, están más cerca emocionalmente
de sus hijos, tienen presencia real ante ellos y "colaboran" en
su crianza. Pero en la mayoría de los casos son aún
"colaboradores" de quien, en nuestra cultura, aparece todavía
(o consciente o inconscientemente) como la "dueña" de los
hijos: la madre. El paso dado por estos varones es importante
y marca una tendencia. Denuncia la necesidad de reinstalar al
padre en un lugar central y no marginal (o meramente proveedor)
en la crianza. Sin embargo, no cierra ni agota la misión
que está abierta para los hombres contemporáneos:
hacer de la paternidad una exploración abierta y colectiva,
persistir en la transformación de este rol, recuperarlo
en su totalidad. Ser padre es cosa de hombres y en el ejercicio
de una paternidad plena (emocional, espiritual, física,
gestual, verbal) empieza a construirse, también, un modelo
pleno, nutriente, sensible y sólido de masculinidad. En
el padre y en el hijo. Esto no es "nuevo". Es una necesidad permanente.
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