|
Muchos viven la pareja como una condena
Por
IMA SANCHÍS
La siguiente entrevista a Sergio Sinay fue publicada por el diario
La Vanguardia, de Barcelona; el 24 de febrero de 2005)
El amor no
existe.
-No
me diga eso...
-Eso de que
hay una gran nube que se llama amor y que si uno logra pasar por
ahí abajo será tocado por una influencia mágica
que le cambiará la vida me parece...
-¿Una
estupidez?
-¡Sí!,
como decir que el amor se crea a partir de las similitudes, encontrando
el alma gemela. Se crea trabajando las diferencias que existen
entre dos personas que se eligen para formar una pareja fecunda
y trascendente.
-Suena
a clase de filosofía...
-El paradigma
amoroso que hemos creado ayudados por el cine, la literatura y
las creencias sociales, esa idea de que todos estamos destinados
a vivir un gran amor, ha generado mucho sufrimiento; hasta el
punto de que hay gente convencida de que ha amado muchísimo
porque ha sufrido mucho.
-Lo
del sufrimiento por amor es un clásico.
-Hay que cambiar
ese paradigma. Hay que empezar por entender que la construcción
amorosa es un trabajo.
-¡Y
dale con el trabajo...!
-Creemos que
el trabajo es sudor y sufrimiento; ocho horas en una jaula con
luz eléctrica, sin fumar y deseando largarte. La idea de
trabajo está disociada de la idea de creación, de
gozo. Amar es construir desde ahí.
-¿Pero
qué quiere construir?, ¿por qué?, ¿para
qué...?
-A ver, antes
quiero aclararle una cosa: yo no creo que sea obligatorio tener
una pareja. Pero hay que entender que estar en pareja no es un
fin en sí mismo. Si decides estar con alguien, mejor trabajar
para conseguir darle sentido y contenido a esa relación.
-Pero
dos personas empiezan a ser pareja porque se han enamorado, no
porque se amen.
-Sí,
y quizá demasiado rápido, porque el enamoramiento
es desconocimiento del otro, atracción e ilusión,
y no siempre acaba en amor. El amor es conocimiento y aceptación
del otro y requiere tiempo y ganas.
-De
acuerdo, ¿por dónde empezamos?
-Hay diferencias
que son complementarias, otras que pueden ser elaboradas juntos
mirando y escuchándose (todas esas cosas que se van olvidando
en la convivencia). Y luego hay diferencias que son insalvables
y que hay que tener en cuenta, porque no se le puede echar la
culpa al otro de que no sea quien nos gustaría que fuera.
-Todo
parece reducirse a lo que ya nos aconsejaba la abuela: comprensión,
paciencia...
-¿Comprender
qué?, ¿para qué?, ¿tener paciencia
esperando qué cosa?...
-Parece
yo.
-¿Qué
es respetar al otro?... Todos decimos que respetamos al otro y
no es verdad. Decimos que somos responsables hasta que tenemos,
por narices, que hacernos cargo de nuestras elecciones y de nuestros
actos, entonces transformamos la responsabilidad en culpa. Vivimos
amores irresponsables.
-¿En
qué sentido?
-Esperamos
que el otro nos haga felices, se de cuenta de nuestros problemas,
de lo que llevamos dentro... El amor no nos convierte en clarividentes,
hay que decir las cosas. Yo creo que para estar con otro, uno
ha de aprender antes a estar solo. Yo tengo que saber qué
quiero y cómo lo quiero para poder transmitirlo. No puedo
delegarle al otro la responsabilidad de que sepa lo que yo no
sé.
-¿Y
si no sabes lo que quieres?
-Aproxímese,
haga una lista muy clara de lo que no quiere y al lado ponga los
opuestos, ésa es la lista de lo que quiere. Yo trabajo
con parejas y su frase más común es: "Tú
ya no eres el que eras". En realidad lo que le está
reprochando es que ya no responda a la imagen que tenía
de él o de ella.
-Me
da la impresión de que todo depende de la calidad y la
madurez de cada uno.
-¿Y
qué es la madurez?... Acumular expe-riencia en el conocimiento
de uno mismo, lo que incluye aceptar los propios aspectos miserables.
Pero nuestra sociedad practica el más vale mal acompañado
que solo.
-Deme
un punto de partida...
-Dos personas
que aspiran a estar juntas deberían preguntarse: "¿Para
qué quiero estar con el otro?"... No por qué,
sino para qué, porque pedir pasión, comprensión
y amor es pedir un abstracto. Si vamos preguntándonos sucesivos
para qués, llegamos a una respuesta que no admite otro
para qué.
-¿Por
ejemplo?
-Para profundizar
en la vida a través del amor. Luego viene la otra pregunta:
"¿Cómo propongo que sea nuestra relación
de manera que ese para qué sea posible?". Pero si
no hay un para qué en común, olvídate del
cómo, del qué necesito del otro, y del qué
le ofrezco al otro; preguntas inevitables si quieres construir
una relación con otro. Del mismo modo, si no hay combustible
emocional, no tiene sentido plantearse la pregunta.
-El
combustible se queda por el camino.
-Yo creo que
las parejas tienen un momento de estar juntos con mucho amor,
cumplen alguna llamémosle misión, traer un hijo
al mundo por ejemplo, y luego se termina. Separarse cuando ya
no hay un camino para seguir juntos es una forma amorosa de liberar
al otro y liberarse a uno mismo. Pero mucha gente elige vivir
la pareja como una condena.
-Honestidad
mientras dure.
-El amor es
un acceso al otro y el permiso a ser accedido por otro, algo muy
creativo que merece la pena recorrer con sentido. Si naciéramos
solos en islas desiertas, no tendríamos nombre. El otro
nos da identidad.
-¿Cuál
es el peor enemigo del amor?
-El piloto
automático. Dar al otro por sabido, por oído y por
sentido. El fuego, la pasión, puede acabar, pero el calor
de las brasas es el más acogedor.
|