|
Infidelidad y analfabetismo emocional
(Respuestas de Sergio Sinay
a un cuestionario del diario El País, de Madrid)
¿Cree que existe una tendencia hacia la "paridad"
entre hombres y mujeres en la práctica de la infidelidad?
¿Existen datos fiables al respecto? (estadísticas
de fuentes serias, estudios académicos...)
En general, descreo de las estadísticas que remiten a sentimientos
y a actitudes relacionadas con el mundo afectivo y emocional.
La intimidad de las personas (más allá de las respuestas)
es insondable y no reducible a cifras. En las estadísticas
siempre se ve que los varones son más infieles que las
mujeres. Pero si la gran mayoría de los varones es heterosexual,
¿con quién cometen su infidelidad? En teoría,
pues, por cada varón infiel debería existir, aproximadamente,
una mujer que también lo es. A menos que la infidelidad
masculina se cometa siempre con mujeres solteras o con prostitutas
(y en un gran número de casos es así).
De todos modos, creo que hay una tendencia a la “paridad”,
siempre y cuando se entienda por tal cosa una mayor publicidad
de la infidelidad femenina. Esto se origina en la autonomía,
libertad y espacios ganados por la mujer tanto en la vida pública
como en la privada. Al dejar de ser, progresivamente, un mero
objeto sexual, al adquirir la estatura y dimensión de sujeto
en el vínculo afectivo y sexual, la mujer también
elige, toma iniciativas y, sobre todo, da cuenta de ellas, las
manifiesta. Ser infiel es una manera de elegir y expresarse, más
allá de valoraciones morales.
Por último, cabe agregar que, en muchos de los planos y
espacios que antes les eran vedados y negados y en los que ahora
transitan (o luchan por hacerlo), las mujeres han adoptado el
modelo de conducta “oficial” de esos espacios, que
es el masculino. Ocurre también en el plano de los vínculos
amorosos y sexuales. Junto con la liberalización hay también
una “masculinización” de las mujeres, por ejemplo,
en cuanto a actitudes y tendencias en lo sexual. Y la “paridad”
en la infidelidad es, en parte, fruto de ello. Lo que empareja
a ambos sexos es, entonces, un modo masculino tradicional de lidiar
con la crisis o la insatisfacción.
- Usted atribuye la
infidelidad más a un tipo de vínculo que a pulsiones
individuales (ya sean de carácter o de género),
pero en caso de que la relación no propicie la fidelidad:
¿es distinto el comportamiento de hombres y mujeres? Y
si el vínculo que la evita sí existe, ¿cree
que el mérito de alcanzarlo se puede atribuir más
a un sexo que al otro?
En verdad, sí creo que existen pulsiones individuales productoras
de infidelidad y que, como usted bien dice, pueden ser individuales
o de genero, o, mejor aún, una combinación de características
individuales con mandatos de género. Una relación
que no propicia la fidelidad es una relación en la que
el amor (con sus componentes de confianza, respeto, empatía,
solidaridad, responsabilidad y compromiso) no se ha constituido.
Puede que sean relaciones de enamoramiento, de atracción
sexual, de conveniencia, pero no de amor. No digo que donde hay
amor no puede haber infidelidad. En las relaciones de amor hay
crisis (a veces muy duras o dolorosas) y ello puede provocar infidelidad.
Pero una cosa es la infidelidad que acontece en ese contexto y
otra es la que se instala como un gaje natural de la vida en pareja.
Observo que, en efecto, son distintos los comportamientos de género
en la infidelidad. A los varones (gracias a los mandatos de un
modelo masculino que sigue vigente y continúa siendo hegemónico)
les resulta más “natural” disociar lo emocional
de lo sexual y, con notable frecuencia, no registran la conexión
entre lo afectivo y lo sexual, de manera que asumen la infidelidad
como algo que no afecta a la esencia sentimental de la relación.
Pueden decir (hasta creyéndoselo) que “Este asunto
con Fulana no tiene importancia, a la que de veras quiero es a
mi mujer”. Y, subidos a ese caballito de batalla, suelen
ser infieles de una manera casi deportiva, como un mero trámite
de revalidación de su carné de masculinidad.
Creo que, en la mayoría de los casos, las mujeres viven
con mayor intensidad emocional y afectiva la infidelidad (ya sea
en lo pasional, en lo sentimental, en el goce y en el sufrimiento).
Intuyo que en esta actitud influyen también los mandatos
de género. Tradicionalmente (y esto no ha perecido aún)
fueron designadas administradoras emocionales de la pareja (así
como a los varones se les designó administradores económicos).
Por lo tanto, tienen un mayor registro y una mayor sensibilidad
a los vaivenes afectivos y sexuales del vínculo. En general,
en las mujeres la infidelidad no tiene que ver con “acumular
bazas”, sino con la satisfacción de necesidades emocionales
más que sexuales y, por ello, es un acto que forma parte
de acciones y elecciones en las cuales (de modo más conciente
o menos conciente) ellas están decidiendo el futuro de
sus vidas y, en consecuencia, de la relación a la que le
son infieles.
Por último, pienso que cuando una pareja se consolida,
evoluciona y trasciende sus diferentes etapas sin que haya infidelidad,
no es mérito de uno de sus miembros en especial, sino de
ambos, ya que las parejas se arman, se sostienen, se nutren o
se desarman, de a dos.
- Por sus afirmaciones
parece un acérrimo defensor de la fidelidad como fruto
de una decisión libre y madura, pero otros estudiosos apuntan
que el hecho de permitirse ser infieles podría derivar
de una mayor valentía y capacidad de asumir riesgos. La
terapeuta Paule Salomon, por ejemplo, afirma que "la infidelidad
es una forma de afirmación de sí misma para la mujer
moderna". ¿Está de acuerdo en que en algunos
casos puede propiciar un crecimiento individual y como pareja?
Más que acérrimo defensor de la fidelidad, me considero
un decidido abogado de las relaciones humanas cimentadas en el
respeto, en la valoración del otro, en la empatía
y el reconocimiento de las diferencias y de la diversidad. No
creo que la fidelidad pueda ser fruto de la voluntad. De hecho
uno puede proponerse ser fiel y (por temor, por obediencia a la
palabra empeñada o por lo que fuere) terminar siéndolo
a lo largo de toda la vida. Fiel a una persona a la que no ama
o por quien no se siente amado. Eso no es un mérito, sino
un acto que habrá respondido, quizás, a la voluntad,
pero no necesariamente al amor. Las personas que se aman de veras,
en cambio, no necesitan proponerse ser fieles ni empeñar
su voluntad en ello. Probablemente lo serán como una consecuencia
lógica y natural del tipo de vínculo que las une.
En cuanto a las afirmaciones de Salomón y otras que sostienen
que una infidelidad puede ser saludable para la pareja, son opiniones
y valen como tales. Creo que, como toda opinión (incluyo
a las mías) se sostienen en un contexto ideológico.
Todos tenemos ideología, es decir una manera de mirar el
mundo, la vida y sus instancias. Me parece que la opinión
de Salomón responde a una ideología en el cual la
pareja es un fin en sí mismo y todo puede tener una explicación
y una justificación siempre que se preserve la pareja como
fin último. Yo creo que la pareja no es un fin, sino un
camino posible hacia la trascendencia amorosa. La infidelidad
como “forma de afirmación de sí misma para
la mujer moderna”, sería una forma de afirmación
basada en la traición. No son los valores que comparto,
ni para mujeres, ni para hombres. Tampoco creo en el crecimiento
personal a expensas del otro, a espaldas de otro, sino con el
otro. Las parejas crecen cuando sus pasiones e intereses comunes
generan proyectos compartidos, cuando aprenden a funcionar como
un equipo en la vida real de cada día, cuando alimentan
y enriquecen su intimidad y su magnetismo sexual y cuando comparten
valores y los honran.
- ¿En qué
medida es producto de nuestra sociedad de consumo la búsqueda
permanente, la persecución del cambio como valor en sí
mismo? ¿Cómo afecta este clima general a las relaciones
de pareja?
En una enorme y decisiva medida. En una sociedad en la que el
otro es, cada vez más, un dato lejano, un simple instrumento,
un medio para fines, las vidas de las personas se van vaciando
de contenidos trascendentes, de eso que el gran Víktor
Frankl llamaba sentido. La ausencia de sentido (hay una estrecha
relación entre sentido, empatía, solidaridad, enlazamiento
con el prójimo) genera una profunda angustia, vacío
existencial. Ciegamente, se intenta llenar ese vacío con
todo tipo de consumo, un consumo desbocado y por momentos obsceno
que no calma la insatisfacción, sino que pide más
y más. Dentro de esto caen las personas. Se consumen personas
como se consumen autos, ropas, ordenadores, teléfonos celulares
y demás. Si una pareja no se me sirve, voy por otra y así
sucesivamente. Agotada la novedad, nada queda. El amor, como los
buenos vinos, como los frutos de la tierra, como las joyas más
preciosas y duraderas, como los clásicos de la literatura
y el arte, es fruto del tiempo, del conocimiento, requiere un
proceso, etapas, descubrimiento, compromiso. En todas estas materias,
la sociedad contemporánea, demuestra un creciente y peligroso
analfabetismo.
- La teoría
de que el hombre es infiel porque necesita "esparcir su simiente"
y que la mujer no lo es porque busca un solo "macho"
que le garantice la descendencia, ¿sigue vigente? Hay quien
atribuye a esa necesidad de la mujer el hecho de que ellas sean
más exigentes a la hora de escoger pareja; ¿está
de acuerdo?
Esa teoría, como tantas otras teorías deterministas
y biologistas, sigue vigente y, desde ya, estoy en absoluto desacuerdo
con ella. Nos reduce a los humanos a un paquete de instintos,
aniquila el concepto de responsabilidad, que es la facultad de
elegir y hacernos cargo de nuestras acciones y de sus consecuencias,
y, por último, niega la libertad, que es un atributo humano
por excelencia. Según esa teoría hacemos lo que
nuestra condición de animales nos exige y nada es posible
contra ello. No hay elección, muere el libe albedrío,
perecen la moral y la ética. Lo significativo de esta teoría
es que resulta funcional a una concepción machista de la
sexualidad y del amor. Por sí misma justifica y absuelve
a la infidelidad masculina (casi la considera necesaria) y condena
de antemano a la femenina. Desde esta mirada tanto un varón
fiel como una mujer infiel son anómalos. Lo más
grave es que teorías de este tipo se pretendan sostener
con estadísticas (ya se sabe, las estadísticas sirven
para lo que cada quien las necesite) o con presuntos argumentos
científicos.
- ¿Qué
diferencias significativas destacaría entre hombres y mujeres
en cuanto a motivos para ser infieles, reacciones ante la infidelidad
de la pareja y la propia (culpabilidad) y proyección social
de las prácticas adúlteras (aceptación/condena
por parte de los demás, discreción/alardeo...)?
De acuerdo con los patrones y mandatos de género, los hombres
infieles se suelen sentir confirmados en su masculinidad, se demuestran
capaces de actuar como se espera de un varón, se ratifican
como tales. Por eso la infidelidad masculina se cuenta, se comenta
con otros hombres, con los amigos, se registra en las estadísticas.
En nuestra sociedad, todo hombre es infiel hasta que se demuestre
lo contrario y toda mujer es fiel hasta que se pruebe lo opuesto.
Porque la infidelidad femenina condena (todavía) a la mujer
a una condición despreciable (“zorra”, “puta”,
etc.). La palabra “adúltero” para nada conlleva
la misma carga de culpabilidad, desprecio y condena que “adúltera”,
aunque sólo una letra las diferencie.
Por lo que he podido comprobar en mi trabajo, las razones de la
infidelidad masculina se asientan preferentemente en lo sexual.
La sexualidad masculina, de acuerdo con los mandatos culturales,
se disocia del sentimiento, es una sexualidad genital, de la que
se exige rendimiento ante todo. Los hombres “quieren siempre”
(lo que es como no desear de veras nunca).”Yo necesito sexo
todos los días”, afirman muchos de los varones más
pintados, con absoluta ignorancia de sus propias necesidades,
limitándose a repetir consignas. Entonces si no lo tienen
en casa lo buscan afuera. Otras veces, por temor a la decadencia
física, el varón busca fuera de la pareja mujeres
más jóvenes, en una suerte de vano vampirismo que
le hace creer que ellas le trasfundirán juventud. Las razones
que se escucha de las mujeres para la infidelidad remiten menos
a encandilamientos de tipo sexual, parten de una necesidad emocional.
“Necesito alguien que me escuche, que me trate bien, que
me aprecie”. Los varones infieles suelen buscar sexo. Los
mujeres, romance. Una dualidad que es producto de otra dualidad
mayor, trágica y vigente: la de los modelos de género
que nos han dejado a varones y mujeres privados de la mitad de
nuestro propio ser. Y desencontrados.
|