Nadie, en estos días del siglo veintiuno, se compraría un esclavo y, mucho menos, se pavonearía de ello. A lo largo del siglo diecinueve la esclavitud fue siendo abolida expresamente a lo largo del mundo. Al menos, tal como se la conocía. Pero no ha desaparecido. Cuando era ministro sueco de Democracia, Asuntos Urbanos Integración e Igualdad, hacia 2006, Jens Orbank señaló que la prostitución es la esclavitud de este siglo. “Comprar el cuerpo de otra persona es siempre violencia y es siempre esclavitud”, señaló. De hecho, más de cinco millones de personas son traficadas anualmente con este fin. Y hay, como antes con los esclavos, hombres (muchos de ellos padres de familia, empresarios, políticos, señores muy dignos) que se pavonean de pagar por esos cuerpos.
Mi pregunta es: ¿sólo cuando se compra y/o vende un cuerpo con fines sexuales estamos ante la prostitución? ¿Cómo llamar entonces a la compra y venta de cuerpos con fines políticos? Por ejemplo, ¿cómo se llama al acto en el cual un legislador da quórum o deja de darlo en el Congreso (es decir pone el cuerpo o lo saca de su banca) a cambio de diferentes pagos monetarios, en cargos o especias? ¿Qué se está ejerciendo cuando, a cambio de sándwiches, gaseosas choripanes o unos pesos, se transporta gente en camiones y viejos ómnibus para que hagan de claque en el acto de algún político manipulador y paranoide? No me atrevo a afirmar que aquellas compraventas de siglos atrás fueron peores que las de hoy. Creo que la inmoralidad es mayor cuando ya no hay excusas que valgan. |