Regreso de un viaje de dos semanas a un país fascinante y poderoso en sus reservas arqueológicas, históricas y naturales. Un lugar en el que la memoria y la Naturaleza (volcanes, lagos, humedales, bosques nubosos, fauna y flora generosas y presentes) se expresan con toda su potencia a cada paso. Y en el cual las personas muestran una encomiable voluntad de trabajar, de esforzarse, de comunicarse. Personas que no reniegan de lo que son y que, habiendo sido muchas veces discriminadas, no discriminan. Se interesan por el diferente. Ese país es Guatemala. Terminemos con el chiste fácil de Guatemala y Guatepeor. Mientras estuve allí pusieron en la cárcel a un ex presidente de ese país por sus enjuagues económicos y lavados de dinero. Daba un poco de envidia, para qué negarlo. Guatemala viene de Coak tek malán, que en maya quiché significa Tierra de Árboles. Es una experiencia fuerte estar allí, conectarse con el lugar con la gente y desconectarse totalmente de las noticias de aquí durante todo ese tiempo. Y así como es fuerte, impresiona y conmueve todo lo que se ve, se aprende y se siente allí, así es de deprimente desembarcar otra vez en estas costas y ver que todo está igual. Un ministro abre la boca y excreta palabrotas como un matón de cuarta, la penosa feria de vanidades farandulescas en las playas, los mismos jóvenes sin orientación y sin destino emborrachándose en los mismos boliches, la misma fiebre consumista, la misma intolerancia en las conversaciones, la misma mediocridad política. Y las ridículas teorías sobre cerdos, viagras y pollos. El ridículo sin retorno, terminal. Pocos minutos después, sin poder evitarlo, extraño a la hermosa fauna guatemalteca. Los monos, los coatíes, los tucanes, las guacamayas, los cocodrilos de Tikal, de Yaxchá. O la grandeza de algún gobernante maya, como 18 Conejo. Coak tek malán. Qué bueno que también ella sea real. |