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SERGIO SINAY
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  La conexión es tecnológica la comunicación es artesanal  
  por Sergio Sinay  
 
1. El crecimiento vertiginoso del desarrollo tecnológico y su aplicación en la vida personal y de relación ha evidenciado una tendencia social de las personas que parecieran vivir más la virtualidad que en el mundo de los vínculos reales. Nos gustaría pudiera compartir su reflexión al respecto.
Sin duda existe hoy una grave confusión entre conexión y comunicación. Mientras la conexión es un fenómeno tecnológico, la comunicación es un hecho humano que no depende de más herramientas que la mirada valorativa, la escucha receptiva, la palabra con contenido emocional y afectivo, la presencia real y palpable y la atención abierta y constante hacia las sensaciones que el proceso comunicativo va generando en nosotros. La conexión virtual es una herramienta útil en materia informativa, organizativa y, valga la redundancia, conectiva. Permite reacciones sociales rápidas, vuelve a ligar a personas que perdieron contacto entre sí, permite reaccionar ante fenómenos naturales, organizar emprendimientos sanitarios urgentes. Toda herramienta se convierte en virtuosa o defectuosa según quién y cómo la usa. Al servicio de las “rateadas” colectivas, de la pedofilia, del acoso publicitario, de la calumnia bloggera (donde sin responsabilidad y desde el anonimato cualquiera miente u ofende), la herramienta es nefasta. Lo es también cuando las personas manipulan y engañan a otras personas en redes “sociales” diciendo que son lo que no son, prometiendo lo que no darán, mostrando perfiles inconsistentes y falsos, tratando así de remplazar el tiempo, el trabajo, la inversión emocional y la responsabilidad que conlleva la construcción de un vínculo verdadero. En el mundo virtual se puede tener contactos, pero no amigos. La amistad es una construcción artesanal (experiencias compartidas, tiempo de acompañamiento real, silencios que comunican, temperatura afectiva generada por la presencia, compromisos que se cumplen, etc.). Cada amigo es el fruto de toda esa inversión y, como en la artesanía, cada amistad es única, por eso se tienen pocas y se trabaja por ellas. Los contactos son cientos o miles y como vienen se van. No hay nadie detrás de ellos, meras contraseñas.
 
2. ¿Cómo se explica esta cierta enajenación de la vida propia por esto de creer más en la virtualidad, de pertenecer a una red social de miles pero reducida en los afectos reales a la mínima expresión?
El auge de las conexiones virtuales que se pretenden amistades o socializaciones es un síntoma de la enorme carencia de sentido conque se vive en una sociedad donde la prioridad es tener y acumular en lo económico y en lo material, figurar, buscar placeres inmediatos sin hacer nada por ellos, desentenderse del otro salvo por cuestiones de conveniencia. Por mucho que se desarrolle la tecnología no puede darle sentido a la vida de cada persona. Ese sentido se encuentra a través de una búsqueda personal e intransferible. Cuando está ausente genera angustia: angustia existencial. Y la virtualidad se ofrece como una puerta de escape de esa angustia ofreciendo la ilusión de pertenecer a una comunidad. Una comunidad virtual, es decir intangible, etérea. Eso es lo que llamo conectarse al vacío. Y la suma de esas conexiones sin otro fin que el de no enfrentarse a la pregunta esencial que a todos nos llega (¿para qué vivimos?) termina en un fenómeno de estos tiempos: la soledad colectiva.

Nos podemos conectar tecnológicamente a través de estas herramientas nuevas de una manera extraordinaria, como nunca se ha hecho antes. El error grave es creer que entonces estamos comunicados. Las tecnologías no nos van a comunicar. Eso no pasa por la tecnología, es artesanal. Un vínculo humano no se puede fabricar en serie. Todos los vínculos son distintos.

La ilusión que generan estas tecnologías, es que se puede eliminar el tiempo y el espacio.
 
3. El tiempo y el espacio es la existencia humana misma…
Exactamente. Existimos en el tiempo y en el espacio. Estamos en un lugar y no en otro, nuestras experiencias ocurren en un escenario puntual. Tenemos un tiempo de vida, no más. Justamente la finitud espacial y, sobre todo, temporal es lo que, al limitarnos, le da sentido a nuestra vida. Pasar sin dejar huella, como no habiendo estado en el tiempo y en el espacio es como no haber vivido. ¿Hace ruido un árbol que cae si no hay nadie para escucharlo? ¿Ha vivido quien se ausentó de la vida temporal y espacial para refugiarse en la existencia virtual? Una de las grandes falacias del mundo virtual es la de pretender eliminar tiempo y espacio con un doble clic del mouse. Cliqueo e inmediatamente estoy en otro lugar (desaparece el espacio). Sin espera, gracias a los 5 megas de velocidad (desaparece el espacio). Sin embargo, es sólo una ilusión: sigo en mi silla y no estoy con nadie, salvo con una pantalla. Estoy en el espacio de siempre, el tiempo sigue su marcha. Mi vida sigue en el vacío.
 
La soledad colectiva en la sociedad virtual

4. Usted ha enumerado en muchas de sus exposiciones y escritos algunos efectos perversos y disimulados que las tecnologías de conexión están provocando hoy en las personas: nuevas adicciones, consumismo, ruptura de vínculos, vaciamiento de valores…
Las adiciciones generadas por el mundo virtual ya están consideradas patologías como cualquier otra. Gente que abandona sus vínculos reales, que altera sus horas de comida y descanso, que gasta más de lo que puede para “actualizarse”, desordenes de sueño, taquicardias, angustias. Ni hablar de las estafas económicas y emocionales, de la pedofilia, del bombardeo publicitario y de marketing que es un verdadero acoso (porque entra sin permiso en donde nadie convocó, y además robando y manipulando direcciones que luego llaman “bancos de datos”). Aún así muchísima gente cae cándidamente en esas trampas y se presta al consumo de lo que no necesita o es directamente estafada gracias a eficaces técnicas de manipulación. Por supuesto, esto no fue inventado por las conexiones virtuales sino ampliado, acelerado y magnificado. La razón esencial sigue estando en la expansión del vacío existencial.
 
5. ¿Cómo visualiza estos efectos ya dentro de las propias organizaciones empresarias?
En el campo de los negocios las conexiones virtuales mantienen su carácter de herramienta. Lo riesgoso es, siempre, convertirse en herramienta de la herramienta, ser sujeto de ella. A la larga el capital más valioso es siempre el humano. Las empresas que crean vínculos humanos sólidos entre sus integrantes y que no olvidan la condición humana de sus clientes, de sus proveedores, de los integrantes de la sociedad en la que actúan, harán a la larga mejores negocios (aunque otros los hagan más rápidos y cuantiosos, antes de perder su capital reputacional), le habrán dado un sentido a su existencia y habrán contribuido a mejorar un poco el mundo en el que existen. Las que no entiendan esto se valdrán de las herramientas virtuales para crear más vacío en su seno y en sus vínculos con los demás. Hoy es curioso ver como grandes empresas que se llaman a sí mismas “de comunicación” (cable, Internet, telefonía móvil, etcétera) impiden, valiéndose de las herramientas de conexiones, que sus clientes puedan comunicarse con ella, crean barreras valiéndose de la virtualidad y empeoran la vida de las personas que acuden a ellas. Como usuario lo sufro cada día. Y como yo, cientos de miles. Una vez más, la virtualidad pondrá en evidencia, como en las personas, lo mejor y lo peor de las empresarias, no lo inventará ni lo disimulará.
 
6. ¿Puede esta soledad colectiva a que ha hecho referencia encontrarse atemperada al ser la empresa misma -a manera de red de contención- una comunidad de personas contenida en la misión, visión, principios y valores que institucionalmente propone, y bajo el alero del área de Recursos Humanos?
Creo que misión, visión, principios y valores son meras declaraciones cuando no se convierten en acciones concretas en el día a día. La categoría Recursos Humanos me genera desconfianza. Si son humanos, no son recursos. No son instrumentos. Son personas. Cada persona es distinta y, por esa singularidad, valiosa. Una persona en una empresa no puede ser un legajo, como un cliente no puede ser un número de cuenta. Lo más valioso, lo que más esfuerzo, creatividad, tiempo e inteligencia lleva en la vida es crear vínculos trascendentes, asentados en valores. Esto vale en la pareja, en la familia, en la amistad y en el trabajo. Una persona no puede ser nunca un medio, debe ser siempre un fin. Esto decía Kant y estoy de acuerdo. Eso obliga a poner lo humano como prioritario y no como subsidiario. El economista británico Raj Patel dice que un mercado basado en las ganancias pondrá a lo humano en segundo lugar, mientras un mercado basado en las necesidades, lo priorizará. Y de ambas maneras se puede ganar dinero. La elección es, entonces, una cuestión moral. Cómo ganarlo, a costa de qué y de quienes. Quizás en un futuro, si vamos hacia un más profundo humanismo, los departamentos de Recursos Humanos pasen a llamarse departamentos de Vínculos Humanos y honren a su nombre creando las mejores para que esos vínculos prosperen en el seno de las empresas y, con ellos, las mismas organizaciones.
 
7. De todos modos, dentro de las organizaciones es muy común la utilización casi obligatoria de intranet o mail para requerir información, consultar reuniones o pareces sobre determinado temas, incluso personales, con aquel que nos separa un escritorio o un panel divisorio.
Insisto. Una herramienta es una herramienta. Si sirve para agilizar la información, vale. Si aísla a las personas, si lo que se busca es que no se “pierda tiempo” a través del vínculo personal, son las personas las que pasan a convertirse en herramientas. Es una cuestión moral.
 
8. El mail pareciera tiene más peso y confianza que la palabra empeñada…
Un mail o la palabra deben siempre respaldarse con acciones. A las palabras muchas veces se las lleva el viento y los mails se pierden en el ciberespacio o pueden, simplemente, no cumplirse. El tema es ético, no tecnológico.
 
9. ¿Cómo contrarrestar esta tendencia a que fuera de la virtualidad no podemos comunicarnos, relacionarnos con el otro?
Sencillamente recuperando nuestros recursos de comunicación: la mirada, la escucha, la presencia. Comunicarse es un proceso que se da en espacios concretos y requiere tiempos reales. Las capacidades olvidadas se recuperan entrenándolas y nuestro entrenamiento puede empezar cada día en cada lugar en el que estamos: pareja, familia, encuentro con amigos, lugar de trabajo. Es allí donde se practica, con acciones reales y sencillas, la artesanía de la comunicación. O es allí donde se pierde esa capacidad por no ejercerla.
 
10. La aparición del teletrabajo, de fuerte crecimiento en los modos actuales de desarrollo profesional, es un dato de la realidad. ¿Puede conspirar al mismo tiempo contra este deseo de vinculación al trabajo en equipo, a la pertenencia o a la solidaridad que propone la empresa? ¿Cómo trabaja o debe trabajar la compañía para contrarrestar este desvío?
Una vez más, se trata de ver si la herramienta estará al servicio de las personas o las personas al servicio de la herramienta. Si el teletrabajo libera tiempo y espacio para aplicarlo a la comunicación real y a acciones o actividades sustanciales para la construcción de una vida con sentido. Si el teletrabajo sólo estimula el aislamiento y convierte a la persona en un trabajador sin horarios, en un adicto a la herramienta, será un generador de problemas vinculares y de salud física y mental. Para una madre que tiene hijos de meses, para un convaleciente que está mentalmente bien pero físicamente disminuido el teletrabajo es una gran ayuda, le permite seguir ligado a un lugar de pertenencia y quizás, de realización. Para alguien que tiene un enorme vacío existencial, el teletrabajo es un salvavidas de plomo, estará prendido día y noche a la herramienta, acaso le será muy útil a la empresa, pero estará dañando su propia vida. Quizás las empresas deban establecer reglas de juego claras en el uso de la herramienta (horarios, sesiones de trabajo de cuerpo presente, encuentros de equipo con presencia real para fomentar la comunicación, etc.) en lugar de verse seducidas por la entelequia de una mayor productividad. Eso, claro está, si la empresa considera a las personas como tales y no como herramientas.
 
11. Cuando se habla de generaciones nacidas con Internet -actuales jóvenes profesionales que ingresan a la empresa de hoy- se observa en éstas una gran capacidad de síntesis pero una gran incapacidad para la expresión escrita y oral. La pérdida constante de vocabulario, de armado gramatical o de desarrollo narrativo para poder expresar las ideas ¿son habilidades perdidas?
Una de las consecuencias de la virtualidad a destajo es la progresiva y dramática pérdida de la capacidad de respetar procesos, de comprenderlos. También el empobrecimiento patético del idioma. Se abrevian palabras antes de saber cómo se escriben, se desconocen sinónimos, hay una creciente ignorancia acerca de la sintaxis, se eliminan los verbos. Esto no es anecdótico. El lenguaje es una poderosa herramienta de ordenamiento del pensamiento. Riqueza de lenguaje es riqueza y flexibilidad de pensamiento. Lenguaje ordenado es pensamiento ordenado. Los verbos remiten a acciones, las acciones se dan en secuencias, las secuencias son procesos. La vida es una sucesión de ciclos y procesos. La inmediatez ilusoria y brutal de la herramienta virtual, lleva a creer que se puede eliminar todo eso. No hay paciencia para seguir el flujo natural de las cosas. Ese flujo es la narración. La vida es narración. El pensamiento es narración. Muchos jóvenes profesionales, con grandes habilidades para el uso de las herramientas virtuales carecen de recursos narrativos para hablar, para vincularse, para vivir. Si se los saca de su habilidad específica, carecen de recursos existenciales. Un chimpancé en un laboratorio puede ser entrenado para apretar botones o manejar ciertas herramientas que siempre entregan las mismas respuestas a los mismos impulsos. Pero son chimpancés, ese es su techo. Los humanos tenemos conciencia, libre albedrío, responsabilidad, elegimos nuestras vidas. Reducir la vida a un simple entrenamiento tecnológico empobrece a las personas y, desde ya, a las organizaciones que sólo valoran esas habilidades primarias.
 
12. ¿Cómo afecta esta realidad al proceso de comunicación en el organigrama de la organización no solo para la toma de decisiones sino al querer implementar sistemas de comunicación viables, fluidos  y efectivos.
Empobrece la calidad de sus acciones, estrecha sus horizontes, más allá de las posibles ganancias inmediatas, hace muy raquíticos sus vínculos con la comunidad y su posibilidad de influir en ella de una manera benéfica, les hace perder tiempo y dinero aunque crean, al principio, que lo ganan, las llevan a una cultura de incomunicación real en lo interno y hacia fuera, las apega cada vez a lo urgente (urgencias siempre superficiales y alejadas de las muy declamadas visiones y misiones), les quita capacidad de pensar, las priva de creatividad, las aleja de lo importante.
 
13. ¿Qué nos depara este cambio en la cultura “formal”? ¿Es un camino sin retorno?
La herramienta no va a desaparecer y, además, como herramienta es útil, propone muchísimos beneficios potenciales. Eso, afortunadamente, no tiene retorno. Si habrá retorno del empobrecimiento vincular, espiritual, existencial, sólo lo dirán las personas de acuerdo con el modo que elijan vivir sus vidas. En busca de un sentido o simplemente vegetando y atados a bienes materiales y sensaciones efímeras. En el plano de la cultura de las empresas vale lo mismo. Una empresa puede ser un lugar que posibilita mejorar el mundo a través de los aportes de quienes la integran, o puede ser un espacio de acciones mecánicas cuyo sentido final nadie avizora.
 
14. ¿Cómo recuperar el arte de construir vínculos artesanalmente en un mundo moderno y global?
Como ya lo dije, el primer paso es la toma de conciencia, el segundo empezar a practicar la artesanía artesanal en los lugares y tiempos reales en los que vivimos, con el prójimo, haciendo de él un fin y no un medio.
Una mirada profunda y filosófica sobre la pobreza de los vínculos humanos en una sociedad que confunde conexión con comunicación y que pone a las personas al servicio de la tecnología mientras se expanden como epidemia las vidas vacías y la angustia existencial. Un poderoso llamado a reaccionar.

15. Y no perder la esperanza en el intento…

El sólo intento, cuando es conciente y coherente, y más allá de sus resultados, le da sentido a la vida de quien lo intenta. 

 
     
     
   
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